Nuevamente un arrebato de ira lleva mis palabras hasta ustedes. Este es un relato de una de las cientos, o tal vez miles, de mujeres torturadas bajo la dictadura. En mi experiencia como profesor de historia, pude constatar que esos oscuros años para muchos compañeros, alumnos, padres y apoderados, parecían de la edad de piedra… Es como si las generaciones posteriores, por el hecho de no compartir el mismo espacio temporal en esta cadena llamada historia, dieran por olvidado este triste capítulo. Y así fueron cayendo sobre nuestras páginas “las suaves cenizas del olvido”, y nos volvimos como los niños que mágicamente olvidan los golpes recibidos por su madre a la vuelta de la farra putera de su padre, y nos empezamos a decir “miremos hacia el futuro”, e incluso llegué a escuchar “eso nunca ocurrió”… Y sin embargo, amigos, está ahí… latiendo sordamente, apelando a la sensibilidad de los que aun piensan, de los que aun sienten, de los que aun son honestos, de los que aun no hablan de “lo bueno” y “lo malo” como cuestiones relativas…
“De nuestra casa me llevaron al centro de torturas en la calle Londres, donde permanecí alrededor de dos semanas en una celda, sola e incomunicada. Aquí fui torturada brutalmente. Los métodos de tortura incluían golpes, y choques eléctricos a todas las partes más sensibles del cuerpo, como los senos, los ojos, el ano, la vagina, la nariz, los oídos, y los dedos. También usaban un método de tortura que se llamaba "Pavo de Arara", en el cual me amarraban los pies y los brazos, me colgaban cabeza abajo, y me aplicaban choque eléctrico al ano. Otro método de tortura que usaban es "el teléfono," en el cual me golpeaban con fuerza los dos oídos simultáneamente. Me torturaban desnuda y encapuchada. Fui torturada en la presencia de mi padre y hermano, y una vez me forzaron a intentar el acto sexual con mi padre y hermano. Me forzaban a presenciar las torturas de mi padre, de mi hermano, y de otros conocidos que estaban presos. Varias veces en el baño de Londres me violaron.”
“Probablemente a principios de febrero, me trasladaron a Tejas Verdes, y estaba nuevamente incomunicada, en una celda que estaba en un grupo de cabañas que se habían construido bajo el Presidente Allende como un lugar de veraneo para los trabajadores. El centro de torturas quedaba al otro lado de un puente, en el subterráneo de un edificio, donde habían celdas de cementos. Como siempre estaba encapuchada cuando me llevaban, no sé bien como era ese edificio”.
“Tejas Verdes era el lugar donde entrenaban a los militares para ser torturadores, y ahí sufrí torturas brutales. Me forzaban a hacer actos sexuales con un perro que había sido entrenado para participar en torturas. Colocaban ratas adentro de mi vagina, y luego me daban choques con electricidad. Al recibir el choque, las ratas se desesperaban y hundían sus garros en la carne de mi vagina. Se orinaban y defecaban en mi cuerpo, introduciéndome el virus toxo plasmosis. Los torturadores me violaron en muchas oportunidades, y me tocaban sexualmente, insultándome, y forzándome a tener sexo oral con ellos. Me cortaban con cuchillos; una vez me cortaron las primeras capas del vientre con un cuchillo, y perdí mucha sangre. También me cortaron las orejas. Aún tengo las cicatrices. Otro método de tortura era que amarraban mis brazos y pies, yo estando tendida sobre una mesa, y luego me estiraban los brazos y las piernas hasta que perdían la circulación. Muchas veces me torturaban sin interrogarme. Yo no sabía por qué me seguían torturando”.
Recojo el aporte de otro amigo… Sebastián Piñera, defendiendo al dictador http://www.youtube.com/watch?v=TV-Ulfo09Bs
